El 26 de junio de 2011 quedó marcado como una herida imborrable en la historia del fútbol argentino. River Plate, el club más campeón del país hasta ese momento, descendió por primera vez a la segunda categoría tras empatar 1-1 con Belgrano en el Monumental.
Ese domingo, el fútbol argentino vivió una de las jornadas más conmocionantes de su historia. River Plate, uno de los cinco grandes y símbolo del deporte nacional, consumó su descenso a la Primera B Nacional luego de igualar 1-1 ante Belgrano en la revancha de la Promoción.
El resultado global (3-1 para los cordobeses, tras el 2-0 en el partido de ida en Alberdi) selló un destino impensado para un club que ostentaba 33 títulos locales, una Copa Libertadores y un linaje de cracks históricos.
⚠️ Un descenso anunciado
River no cayó en un día. La combinación de malas campañas durante tres temporadas, gestiones dirigenciales erráticas (especialmente durante la presidencia de José María Aguilar), un recambio generacional fallido y decisiones deportivas desacertadas llevaron al equipo a esa instancia límite.
La tabla de promedios, implementada desde 1983 para “proteger” a los grandes, terminó siendo su verdugo. Ni siquiera el regreso de Matías Almeyda ni los intentos de los referentes como Juan Pablo Carrizo o Mariano Pavone alcanzaron para salvar al equipo de Juan José López.
🏟️ Un Monumental mudo
El estadio Antonio Vespucio Liberti fue testigo de una tarde de angustia. Tras el tanto inicial de Pavone que ilusionó al pueblo riverplatense, Belgrano logró el empate con un gol de Guillermo Farré y selló su ascenso. Pavone, más tarde, erró un penal que podría haber cambiado la historia.
La tensión en las tribunas explotó al final del encuentro: disturbios, gases lacrimógenos, represión, destrozos y una postal que dio la vuelta al mundo. El descenso de River fue más que un resultado deportivo: fue un cimbronazo estructural para la AFA, para los hinchas y para todo el fútbol argentino.
📉 El impacto y la reconstrucción
Para River significó tocar fondo. Pero también marcó el inicio de una profunda reconstrucción institucional y deportiva que, años después, lo llevaría a reconquistar América y el mundo de la mano de Marcelo Gallardo.
A 14 años de aquel 26 de junio, el recuerdo sigue siendo doloroso para los hinchas, pero también es una lección grabada a fuego en la historia de uno de los clubes más importantes del planeta.