El 2018 parecía marcar el comienzo de otra reconstrucción para la Albiceleste. Lionel Scaloni llegó casi de emergencia, sin experiencia como entrenador de Primera y con la misión inicial de conducir un proceso interino. Ocho años después, su ciclo ya tiene cuatro títulos, un subcampeonato mundial y un lugar asegurado entre los grandes entrenadores de la historia de la Selección.
Hay historias que solamente pueden entenderse cuando se mira hacia atrás.
Cuando Lionel Scaloni asumió al frente de la Selección Argentina, en agosto de 2018, pocos podían imaginar que aquel técnico de Pujato, sin experiencia previa como entrenador principal, terminaría conduciendo a la Albiceleste durante ocho años y construyendo una de las etapas más exitosas de su historia.
Argentina venía de un Mundial de Rusia traumático. La eliminación ante Francia en octavos de final había terminado de desgastar el ciclo de Jorge Sampaoli y la Selección necesitaba comenzar prácticamente desde cero.
En ese contexto apareció Scaloni.
Había formado parte del cuerpo técnico de Sampaoli en Rusia y, antes de hacerse cargo de la Mayor, había dirigido a la Selección Sub-20. Con ese equipo consiguió ganar el torneo COTIF de L’Alcúdia, en España. Esa conquista terminó siendo una pequeña señal de lo que vendría, aunque en aquel momento nadie podía saberlo.
Un entrenador que casi nadie esperaba
La designación de Scaloni generó dudas desde el primer momento.
No tenía experiencia dirigiendo un plantel profesional. Su llegada era entendida como una solución transitoria mientras la AFA buscaba al entrenador definitivo. De hecho, en aquel momento aparecían otros nombres como Gerardo Martino, Mauricio Pochettino y Javier Mascherano entre los posibles candidatos al cargo.
La pregunta era inevitable: ¿cómo podía un entrenador sin experiencia hacerse cargo de una Selección que acababa de fracasar en un Mundial?
Scaloni comenzó su ciclo en septiembre de 2018. El debut fue ante Guatemala, en Los Ángeles, con una victoria por 3-0. Luego llegaron un empate ante Colombia, triunfos frente a Irak y México y también una derrota ante Brasil.
La renovación comenzó a tomar forma.
Aparecieron jugadores que con el tiempo serían fundamentales: Rodrigo De Paul, Lautaro Martínez, Giovani Lo Celso, Leandro Paredes y posteriormente otros nombres que terminarían conformando la columna vertebral de la Selección. La idea era empezar a construir un equipo nuevo alrededor de Lionel Messi, pero sin depender exclusivamente de él.
La AFA terminó ratificando a Scaloni como entrenador definitivo.
Y ahí empezó realmente la historia.
La Copa América 2019: las primeras dudas
El primer gran examen llegó en Brasil.
La Copa América 2019 mostró todavía a una Argentina en construcción. La derrota ante Colombia y el empate frente a Paraguay pusieron al equipo al borde de una eliminación temprana. Finalmente, la Selección consiguió avanzar, venció a Venezuela en cuartos de final y cayó ante Brasil en semifinales.
Argentina terminó tercera tras vencer a Chile.
El resultado no fue suficiente para despejar todas las dudas, pero el proceso comenzaba a mostrar algo diferente: había una generación nueva, una idea que todavía estaba en formación y un entrenador que empezaba a tomar decisiones propias.
Scaloni todavía era discutido. Pero ya no era simplemente aquel técnico interino que había llegado para apagar un incendio.
El salto definitivo
El gran cambio llegó después.
Scaloni encontró una base, consolidó futbolistas y consiguió que la Selección desarrollara una identidad. La intensidad, la presión, la solidaridad defensiva y la capacidad para adaptarse a diferentes partidos se transformaron en características de aquel equipo.
Y también ocurrió algo fundamental: Messi dejó de cargar prácticamente solo con la responsabilidad de la Selección.
El equipo comenzó a acompañarlo.
El resultado fue la Copa América 2021.
En el Maracaná, Argentina derrotó 1-0 a Brasil con gol de Ángel Di María y terminó con una espera de 28 años sin títulos importantes para la Selección mayor.
Fue mucho más que una copa.
Fue el punto de quiebre.
El entrenador que había llegado cuestionado había conseguido devolverle a Argentina un título que parecía imposible durante casi tres décadas.
La Finalissima y el Mundial: de campeón de América a campeón del mundo
La Copa América no fue un hecho aislado.
En 2022 llegó la Finalissima frente a Italia, en Wembley. Argentina ganó 3-0 y volvió a levantar un trofeo.
Pero todavía faltaba el gran desafío.
Qatar.
El Mundial comenzó con una derrota inesperada ante Arabia Saudita. Otra vez aparecieron las dudas. Otra vez parecía que todo podía derrumbarse.
Scaloni y sus jugadores respondieron.
México, Polonia, Australia, Países Bajos, Croacia y Francia fueron apareciendo en el camino.
Y llegó la final.
Argentina ganaba 2-0. Francia reaccionó. El partido terminó 3-3 después de 120 minutos y la definición llegó por penales.
Emiliano Martínez se convirtió en héroe. Gonzalo Montiel convirtió el penal definitivo.
Argentina era campeona del mundo.
Scaloni había conseguido algo que parecía imposible apenas unos años antes: colocar nuevamente a la Selección en la cima del fútbol mundial.
La AFA lo resumió al repasar aquel ciclo: cuatro títulos en sus primeros años al frente del seleccionado —Copa América 2021, Finalissima 2022, Mundial 2022 y Copa América 2024—, además de una racha invicta de 36 partidos, la más extensa de la historia argentina.
La confirmación de que no había sido casualidad
Después de Qatar podía aparecer una pregunta: ¿qué quedaba para Scaloni?
La respuesta llegó en Estados Unidos.
La Copa América 2024 volvió a encontrar a Argentina compitiendo por el título. La Selección llegó a la final y derrotó a Colombia 1-0 con gol de Lautaro Martínez en el tiempo suplementario.
Argentina era bicampeona de América.
Scaloni levantaba su cuarto trofeo como entrenador de la Selección.
Ya no había discusión posible.
Aquel técnico sin experiencia que había sido cuestionado en 2018 se había convertido en el conductor de una Selección campeona de América, campeona de la Finalissima y campeona del mundo.
2026: la posibilidad de otra estrella y un nuevo golpe
El Mundial 2026 llevó la historia todavía más lejos.
Argentina llegó a la final del torneo disputado en Estados Unidos, México y Canadá. La Selección volvió a meterse entre los dos mejores equipos del mundo, esta vez para enfrentar a España.
El sueño del bicampeonato mundial quedó trunco con la derrota en la final.
Pero el subcampeonato confirmó algo que ya parecía indiscutible: la Argentina de Scaloni había dejado de ser una selección que simplemente competía para convertirse en una selección acostumbrada a llegar hasta el final.
FIFA destacó que Argentina llegó a la final de 2026 como campeona vigente del mundo y de América, después de haber ganado el Mundial de Qatar y defendido exitosamente su título continental en 2024.
Ocho años que cambiaron la historia
Ocho años después de aquella llegada llena de interrogantes, el balance es contundente.
Dos Copas América.
Una Finalissima.
Un Mundial.
Un subcampeonato del mundo.
Una racha invicta de 36 partidos.
Y una generación de futbolistas que quedó marcada para siempre con la camiseta argentina.
Pero posiblemente el mayor mérito de Scaloni no esté solamente en los trofeos.
Su verdadera transformación fue convertir una Selección golpeada, cuestionada y dependiente de sus grandes figuras en un equipo capaz de competir de igual a igual con cualquiera.
Construyó una identidad.
Generó sentido de pertenencia.
Renovó el plantel sin romper con los referentes.
Y consiguió que Messi pudiera disfrutar de la Selección de una manera diferente.
En 2018, la pregunta era si aquel entrenador sin experiencia estaba preparado para dirigir a Argentina.
Ocho años después, la pregunta es otra:
¿Cómo no incluir a Lionel Scaloni entre los entrenadores más importantes de toda la historia de la Selección Argentina?
De la incertidumbre a la gloria.
De las críticas a los títulos.
De aquel joven entrenador que llegó casi de emergencia a un hombre que ya forma parte de la historia grande de la Albiceleste.