Un 30 de julio de 2014 fallecía Julio Humberto Grondona, el dirigente que presidió la AFA durante 35 años. Amado y cuestionado, su figura marcó una era de decisiones clave, títulos y escándalos que dejaron huella en el fútbol argentino y mundial.
Este martes 30 de julio se cumplen once años del fallecimiento de Julio Humberto Grondona, uno de los dirigentes más influyentes en la historia del fútbol argentino. Murió a los 82 años, en plena actividad, tras sufrir una insuficiencia cardíaca. Su muerte dejó un vacío de poder en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), que presidió desde 1979 hasta 2014, y puso fin a una era signada por el liderazgo absoluto, las decisiones polémicas y una frase que lo acompañó hasta el final: «Todo pasa».
De Arsenal a la cima del poder
Nacido en Avellaneda en 1931, Grondona fue uno de los fundadores del club Arsenal de Sarandí, donde comenzó su carrera dirigencial. Su ascenso fue meteórico: pasó por la presidencia de Independiente en los años 70 y, tras la intervención de la dictadura militar, fue designado presidente de AFA en abril de 1979, tras la salida de Alfredo Cantilo.
Desde allí, no soltó el mando. Fue reelegido ininterrumpidamente durante nueve períodos, tejiendo una red de poder que le permitió tomar decisiones clave en el armado de los torneos, los contratos de televisión, la política interna del fútbol y hasta la selección nacional.
Logros y títulos
Durante su gestión, Argentina ganó dos Copas del Mundo (1978 y 1986), alcanzó otras tres finales (1990, 2014 y la Sub-20 en varias ocasiones), y se consolidó como una potencia futbolística también a nivel juvenil. Además, Grondona fue vicepresidente senior de la FIFA, mano derecha de Joseph Blatter y figura clave en las decisiones del ente madre del fútbol mundial.
El programa Fútbol Para Todos, lanzado en 2009 tras la ruptura con el Grupo Clarín, fue una de las decisiones más discutidas de sus últimos años. Aunque democratizó el acceso a las transmisiones, también abrió interrogantes sobre la financiación y el uso político del fútbol.
Las sombras del poder
Su figura no estuvo exenta de polémicas. Fue acusado de concentrar un poder desmedido, de manejar a discreción los arbitrajes, los descensos, los ascensos y los contratos. La famosa frase “el fútbol argentino es un quilombo organizado” lo retrataba bien: todo pasaba por él.
En el plano judicial, si bien nunca fue condenado, su nombre apareció vinculado al escándalo de corrupción de la FIFA conocido como FIFA Gate, que estalló meses después de su muerte. El informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos lo incluyó como uno de los beneficiarios de sobornos por derechos televisivos. Para entonces, Grondona ya no podía defenderse.
Un legado intacto… y discutido
Para muchos dirigentes y futbolistas, Grondona fue un padre político. Para otros, un símbolo del atraso y la falta de transparencia del fútbol argentino. Su famoso anillo con la inscripción “Todo pasa”, que hoy está en poder de su familia, sintetizaba su forma de vivir la dirigencia: paciente, calculador y siempre al mando.
Julio Grondona murió el 30 de julio de 2014, pero su sombra todavía flota en los pasillos de Ezeiza. A once años de su partida, su legado se sigue discutiendo: entre los títulos y las manchas, entre el orden y el caos. Como él mismo decía: «Yo no tengo poder, lo que tengo es autoridad».