El Canalla venció 3-1 al Pincha en Santiago del Estero, comenzó perdiendo y terminó levantando el trofeo tras una remontada encabezada por Ángel Di María. El partido tuvo un final caliente, con incidentes entre los jugadores y el ingreso de Juan Sebastián Verón para reclamarle al árbitro Darío Herrera.
Rosario Central se consagró campeón de la Supercopa Internacional después de vencer 3-1 a Estudiantes de La Plata en un partido que tuvo de todo: goles, lesiones, VAR, polémicas y un cierre caliente que terminó con incidentes entre los protagonistas.
El Pincha golpeó desde el vestuario. Apenas había transcurrido un minuto cuando Tomás Palacios escaló por la izquierda y envió un centro que Guido Carrillo logró capitalizar para que Alexis Castro, debajo del arco, marcara el 1-0.
Estudiantes había comenzado mejor y parecía controlar el desarrollo, pero sufrió dos problemas físicos en pocos minutos. A los 12, Gabriel Neves tuvo que dejar la cancha luego de caer mal sobre su brazo izquierdo tras disputar una pelota. Jalil Elías ingresó en su lugar, aunque el ex San Lorenzo tampoco pudo completar el partido: a los 20 minutos debió ser reemplazado por una molestia muscular. Fabricio Pérez ocupó su lugar.
Las interrupciones le quitaron ritmo al encuentro, aunque Central comenzó a encontrar espacios y Ángel Di María empezó a tomar protagonismo.
A los 23 minutos llegó el empate. El Fideo se hizo cargo de un tiro libre en el borde del área y ejecutó un remate espectacular que se metió en el ángulo superior izquierdo de Fernando Muslera. Golazo y 1-1.
El partido se hizo cada vez más intenso y Darío Herrera decidió adicionar 12 minutos al primer tiempo debido a las distintas interrupciones. En ese tiempo agregado ocurrió una de las jugadas más importantes de la noche.
A los 54 minutos, Leandro González Pírez cometió una infracción sobre Enzo Copetti dentro del área. Herrera dejó seguir inicialmente, pero luego fue llamado por el VAR y, tras revisar la acción, sancionó penal para Rosario Central.
Juan Sebastián Verón, presidente de Estudiantes, reaccionó desde el palco y aplaudió irónicamente la decisión arbitral. Mientras tanto, Di María asumió nuevamente la responsabilidad.
A los 56 minutos, el delantero convirtió desde los doce pasos y completó su doblete para darle vuelta el partido. Central se fue al descanso ganando 2-1.
En el comienzo del complemento, Estudiantes salió decidido a buscar la igualdad. El conjunto dirigido por Alexander Medina intentó llevar el juego hacia el área de Central, principalmente mediante centros, aunque le faltó claridad en los metros finales.
El Canalla, en cambio, encontró espacios para atacar de contra. A los 13 minutos, Muslera tuvo una intervención fundamental con una doble atajada. Primero evitó el segundo tanto de Di María y luego respondió ante un remate de Cantizano para mandar la pelota al córner.
El intenso calor en Santiago del Estero también fue protagonista. Con el correr de los minutos, el ritmo disminuyó y ambos equipos comenzaron a sentir el desgaste.
Estudiantes fue en búsqueda del empate durante el tramo final y dejó espacios en defensa. Central tuvo varias posibilidades para liquidarlo de contra, aunque no consiguió aprovecharlas hasta la última jugada.
Muslera fue al área rival en busca del empate y Estudiantes perdió la pelota. El Canalla salió rápidamente de contra y Julián Fernández definió con la cara externa del pie ante el arco vacío para establecer el 3-1 definitivo.
El festejo del tercer gol provocó nuevos incidentes y Darío Herrera tuvo que detener el desarrollo del encuentro. El clima ya era completamente caliente y, posteriormente, los jugadores de ambos equipos protagonizaron enfrentamientos en el ingreso a los vestuarios.
Con el reloj llegando a los 60 minutos, producto de los 12 minutos adicionados en el primer tiempo y las interrupciones del complemento, Herrera dio por terminado el encuentro y Rosario Central quedó consagrado como campeón de la Supercopa Internacional.
El Canalla levantó el trofeo después de una remontada que tuvo como figura central a Di María, autor de los dos primeros goles, y que terminó con un cierre cargado de tensión dentro y fuera del campo de juego.