La noticia cayó casi de repente, sin previo aviso, aunque algunos venían amagando con la idea. Doce de los clubes más poderosos de Europa (Barcelona, Real Madrid, Atlético de Madrid, Juventus, Milan, Inter, Manchester City, Manchester United, Liverpool, Chelsea, Arsenal y Tottenham) anunciaron la creación de la nueva Superliga Europea, presidida por Florentino Pérez (presidente del Real Madrid).
Consistiría en un nuevo torneo de 20 equipos que se jugaría entre semana en dos grupos de 10, que jugarían partidos de ida y vuelta; los tres primeros de cada grupo se clasificarán automáticamente para los cuartos de final. Los equipos que terminen en cuarta y quinta posición jugarán un play-off adicional a doble partido. Posteriormente se jugarán play-offs de doble partido a partir de cuartos para llegar a la final, que se disputará a partido único, a finales de mayo, en una sede neutral.
De esos 20 equipos, solo cinco cambiarían por temporada y se clasificarían por la tabla de su liga. Los otros tres lugares de esos llamados «15 Clubes Fundadores» están reservados, a la espera de Bayern Múnich, Borussia Dortmund y PSG, que aún no se han pronunciado públicamente pero que han sido invitados a ser parte.
La idea, polémica desde un principio, cayó mal en casi todos los ámbitos. Desde el minuto cero con UEFA y FIFA en contra y con Gianni Infantino amenazando con sanciones y expulsiones no solo a los clubes participantes, sino también a los jugadores; desde allí para abajo, solo críticas.
Desde Alex Ferguson, Gary Neville y Jamie Carragher hasta Oliver Dowden (ministro de cultura británico) o Emmanuel Macron (presidente de Francia), quien felicitó a los clubes franceses por no ser parte de la idea.
Tampoco las ligas están contentas. Ni Javier Tebas (presidente de La Liga), ni la Premier League ni ninguna. Todas amenazan, con la Premier directamente diciendo que, de participar, los clubes arrancarían desde la 5ta División, en momentos en los que el Liverpool ya habría renunciado a la Asociación Europea de Clubes.
¿Pero cuál es el principal motivo detrás de este desplante rupturista y autoritario? Simple. Plata y poder. Lo de siempre.
Muchos clubes (especialmente los más poderosos) se manifestaron en contra de cómo se va a disputar la Champions League desde 2024 en adelante, un formato que, vale la pena decirlo, tampoco es atractivo; se dejaría de lado la fase de grupos para pasar a un sistema todos contra todos «virtual» en el que cada equipo deberá jugar 10 partidos para situarse en una sola tabla general.
Estos clubes creen que una liga paralela a FIFA y UEFA es la muestra de poder más clara que pueden hacer al retirar a estos equipos, siempre protagonistas, de la Champions.
Y el dinero, tal vez la mayor causa. El atractivo de tener todas las semanas un Real Madrid-Bayern o un Manchester-PSG en innegable y una potencial fuente ilimitada de dinero.
Económicamente, este nuevo torneo se sostendría con «pagos de solidaridad» los cuales se calcula que van a superar los 10.000 millones de euros. Además los clubes fundadores recibirán un pago de 3.500 millones de euros dedicado pura y exclusivamente a solventar el impacto del Covid-19 a las instituciones deportivas.
Pero este punto también es el mayor de los problemas.
En un mundo en donde la brecha entre poderosos y débiles, ricos y humildes, se estira cada día más hasta extremos insostenibles, esta Superliga también viene a hacer algo a lo que estamos tristemente acostumbrados: redistribuir el ingreso entre unos pocos, hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.
Así, las hazañas en el futbol europeo van a ser, más que nunca, una utopía porque no hay manera de que este formato beneficie a alguien que no sean los grandes. Porque, ¿cómo puede beneficiar esto a Sevilla, Atalanta, Wolfsburgo o Leicester? Ninguno tendría ese ingreso de manera sostenida, solo sería eventual en caso de clasificar y así ¿cómo se puede competir contra clubes multimillonarios? ¿O por que deberían tener este ingreso garantizado Inter o Milan, cuyos equipos han sido deportivamente poco competitivos estos años por malas administraciones y malas decisiones futbolísticas? ¿El solo hecho de «ser un grande» significa tener privilegios? ¿Por qué? Seguramente la respuesta sea no, pero los poderosos solo quieren más y más entre cada vez menos.
Las consecuencias son pseudo-apocalípticas. Así como la Ley Bosman permitió la fuga indiscriminada de extranjeros hacia las poderosas ligas europeas, esto presentaría una dicotomía para los jugadores, la pata de la mesa que nunca se pronunció a favor ni tampoco fueron consultados.
Porque FIFA ya plantó bandera. Amenaza con, no solo sancionar a los clubes, sino también a los jugadores. Aquellos jugadores que disputen el torneo, no podrían jugar competiciones UEFA o FIFA, lo que incluiría Champions (principal torneo perjudicado), Eliminatorias y ni más ni menos que el Mundial de Qatar.
Entonces, ¿quién imagina Qatar sin Messi, Cristiano Ronaldo, Neymar o M’bappe? Nadie.
Un escenario un tanto impensado sería la fuga de jugadores hacia otros clubes para no verse afectados y así poder jugar para sus Selecciones, pero ¿cómo salir de sus millonarios contratos? ¿Terminarán siendo rehenes de los millones y se quedarán afuera de las Selecciones? A estas alturas, es difícil saberlo, pero con muchos clubes en una situación económica apremiante, tampoco se ven en el horizonte ligas o clubes (por fuera de los ya citados) que puedan afrontar semejante éxodo, incluso aunque fuera a favor.
Un escenario imposible sería que esto pueda llegar a ser un beneficio para Sudamérica, con muchos jugadores volviendo a sus ligas de origen y así potenciar los torneos domésticos, pero eso ya es demasiado soñar.
Recordemos que algo similar intentó hacer hace unos años Daniel Angelici en Sudamérica cuando, aun siendo presidente de Boca, quiso hacer una liga paralela a Conmebol. No solo que la idea no prosperó, sino que hay quienes atribuyen ciertos fallos desfavorables al Xeneize a un «pase de facturas» desde el mayor órgano sudamericano hacia el ex-mandamás.
A estas alturas, todas las Federaciones y la misma FIFA se han pronunciado en contra con comunicados formales y hasta amenazas de acciones legales ante este torneo. Incluso se mostró en contra el principal destinatario y el que va a definir si esta idea tiene futuro o no: el hincha. Porque esta idea no le gustó a nadie, salvo a los que verían más millones en sus cuentas.
Pero el resumen básico, la sobresimplificación, es que los millonarios siempre quieren más.
De igual manera, esto no ha terminado. Entre amenazas, millones de euros y el mundo del fútbol en vilo, solo queda esperar.
Por >Leonardo Barrera (@LeoGBarrera)