River empató 0-0 en su visita a Libertad de Paraguay, en el estadio La Huerta, en la ida de los octavos de final de la Copa Libertadores. Aunque la serie queda abierta, el conjunto Millonario se juega todo en la revancha en el Monumental, la próxima semana.
El primer tiempo de River fue desastroso. Estuvo parado como en los meses anteriores donde estuvo a un ritmo anodino, embarullado, inofensivo y apático. Pero en el segundo, el del que pretende el entrenado,estuvo conectado y con ambición.
River pasó de levantar a la gente con un espejismo producto de la mala perspectiva (un remate de Colidio que pareció rozar el poste pero que se fue un metro y medio afuera) a probar quince veces en 45 minutos, seis de ellas al arco, todas ellas salvadas por Martín Silva. También logró un cambio de mentalidad derivado de un movimiento de fichas tan necesario como efectivo.
Por eso el entrenador Millonario reclamó después del partido contra Independiente se hubiese visto desde el arranque y no después de los tres cambios que Gallardo metió en el entretiempo, con buena lectura, para tener la pelota y aprovechar los espacios.
Esos huecos que no aprovechaba ni un kevin Castaño embarullado y errático, ni un Lencina incómodo como pasador y demasiado acelerado, ni un Borja muy solidario para salir del área, pero que fuera de su ecosistema no hace cosquillas.El mérito de Gallardo estuvo en hacer movimientos precisos aunque también claves , que modificaron la esencia de un equipo que pasó de la desconexión a la lucidez. Ese jugador fue Ignacio Fernández, que ofreció una calidad de pase y un entendimiento de los momentos de un cruce copero que le faltaba a River en Asunción.
Porque conjugó con un Juanfer activo (aunque todavía sin el ritmo que sólo le darán los minutos), complementó por momentos a Enzo Pérez y permitió que el equipo se compactara. Que no sufriera fisuras que Libertad pudiera aprovechar para filtrar pelotas o atacar espacios vacíos difíciles de cubrir. Y todo eso, a la vez, permitió reducir por efecto derrame la tasa de errores no forzados como los que se produjeron en el primer tiempo.
Esos que llevaron incluso a que Armani tuviera que intervenir para sostener el cero. Quizás lo que más deberá ocupar al Muñeco es el gol. Porque si bien metió diez en el arranque del semestre, en los tres partidos de alto rango (los clásicos ante San Lorenzo e Independiente y la ida de la CL) el equipo no convirtió. En Paraguay, otra vez, pateó mucho pero no acertó nada: la muralla Silva, los tobillos hechos trinchera para bloquear y la impericia en otros casos impidieron que River se trajera de Asunción una victoria tranquilizadora.
Una que le hubiese permitido jugar la revancha de otro modo.Quedará en el Monumental, respaldar el deseo de ganar la quinta Libertadores, por eso River deberá entender que no todos los partidos en esta copa van a ser iguales y la próxima semana será un partido clave para avanzar de Ronda.