River derrotó por 2 a 0 a Palmeiras, que igual accedió a la Final de la Copa Libertadores. Robert Rojas (luego se fue expulsado) y Rafael Santos Borré marcaron para el Millonario.
River jugó un partido fabuloso y estuvo al borde de la noche épica que vaticinó Gallardo, pero le faltó un gol. Como dijo Jorge Valdano alguna vez, tanto nadar para ahogarse en la orilla.
Tras la goleada recibida en Avellaneda y la derrota ante Independiente, llegaba golpeado el equipo de Gallardo. Los pronósticos no eran alentadores y para dar vuelta esta serie, necesitaba un partido sin fisuras, siendo practico y efectivo. Resumiendo, un partido perfecto.
Y así jugó el primer tiempo. Con los mismos 10 que en la ida más Paulo Díaz, borró de la cancha a un tibio Palmeiras que salió confiado por la ventaja y casi que a ver qué pasaba. La visita se hizo fuerte desde la tenencia, no se desprotegió atrás y empezó a llegar con peligro.
Anticiparon lo que iba a llegar más tarde primero Borró y Nacho; Palmeiras no reaccionaba y al final no resistió.
Gran centro de De La Cruz y cabezazo goleador de Rojas para poner el 1-0, muy parecido a aquel de Maidana contra Cruzeiro en el 2015.
Tras el gol, el local sintió el impacto. Se le apagaron todas las luces y el segundo parecía estar al caer, y así fue.

De un lateral de Montiel, De La Cruz tiró el centro, Suárez dio el pase al medio y Borré la empujó de cabeza, en un momento muy delicado, a los 44 minutos.
Palmeiras era un mar de dudas, totalmente fuera del partido, haciendo tiempo desde el minuto 0.
La segunda parte se pareció mucho a la primera, con River dominando y el local sufriendo los embates.
Montiel puso el 3-0, pero fue anulado vía VAR por un ínfimo offside de Borre; Suárez quiso fabricar un penal pero el VAR lo anuló correctamente.
Las llegadas se siguieron acumulando y Palmeiras seguía sin respuesta, casi a la espera de que le hicieran el tercer gol, sin poder aprovechar algunas de las contras con las que contó. Porque River, de tanto ir, algún espacio dejaba, pero este River juega así. Podrá fallar, niveles individuales podrán variar, pero el estilo es este.
Cerca del final, Rojas volvió a cometer el mismo error que en la Bombonera y contra Luiz Adriano: le giraron para el medio, lo tuvo que bajar y se ganó la segunda amarilla.
Expulsión para el paraguayo, pero que no mermó en el funcionamiento. River siguió yendo a buscar el gol que le faltaba para redondear una noche inolvidable, pero que no pudo lograr.
River ganó, dio una exhibición y demostró porque es uno (¿el?) de los mejores equipos de América. No le alcanzó para llegar a la Final y pagó demasiado caro los errores cometidos en Avellaneda, pero se va de esta Copa Libertadores con la frente bien alta y con una certeza.
La certeza de que si este fue un final, fue uno a la altura de las expectativas.
