Más de 300 muertos y 800 heridos dejó la estampida en el Estadio Nacional de Lima durante un partido entre Perú y Argentina. A 61 años del hecho, recordamos el episodio más trágico en la historia del fútbol sudamericano.
Una tarde fatídica en Lima
El 24 de mayo de 1964 está marcado como uno de los días más oscuros en la historia del fútbol. En el Estadio Nacional de Lima, durante un partido clasificatorio para los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 entre Perú y Argentina, se desató una tragedia que dejó más de 300 muertos y más de 800 heridos, convirtiéndose en el desastre más mortal en un estadio de fútbol en América del Sur.
Un partido decisivo en un clima tenso
Perú y Argentina se enfrentaban en un duelo clave del torneo preolímpico sudamericano. A los 83 minutos de juego, con Argentina ganando 1-0, el árbitro uruguayo Ángel Eduardo Pazos anuló un gol del conjunto local. La decisión provocó la furia de los hinchas peruanos, que consideraron injusta la anulación y comenzaron a lanzar objetos al campo de juego.
La tensión escaló cuando varios espectadores intentaron invadir el terreno. La policía reaccionó de forma desmedida, utilizando gases lacrimógenos dentro del estadio, lo que provocó pánico generalizado en las tribunas.
La estampida mortal
Miles de personas intentaron huir por las estrechas salidas del Estadio Nacional. Las puertas, muchas de ellas cerradas o trabadas, impidieron la evacuación rápida. La desesperación provocó una avalancha humana en las gradas y pasillos, con cientos de personas aplastadas contra las rejas o asfixiadas por la presión de la multitud.
El resultado fue devastador: según cifras oficiales, murieron 328 personas y más de 800 resultaron heridas, en su mayoría por asfixia o traumatismos. Muchas de las víctimas eran jóvenes y familias completas.
Consecuencias y legado
Tras la tragedia, el mundo entero quedó conmocionado. Se suspendió el torneo y se inició una investigación sobre la responsabilidad de las autoridades. El gobierno peruano fue duramente criticado por la respuesta represiva y por las fallas en la seguridad del estadio.
El desastre de Lima marcó un antes y un después en los protocolos de seguridad en eventos deportivos en Sudamérica. También abrió el debate sobre el rol de la policía en los estadios y la infraestructura deficiente de muchos escenarios deportivos de la época.
A 61 años del desastre
Hoy, a más de seis décadas de aquella fatídica tarde, la memoria del 24 de mayo de 1964 sigue viva. Sobrevivientes, familiares de las víctimas y testigos directos continúan pidiendo justicia y reconocimiento. En el Estadio Nacional de Lima, una placa recuerda a las víctimas, aunque muchos consideran que el homenaje aún no está a la altura del horror vivido.
Esta tragedia no solo marcó al fútbol peruano y argentino, sino que dejó una herida abierta en todo el continente. Una lección dolorosa sobre los peligros de la violencia en el deporte y la responsabilidad que implica organizar espectáculos masivos.