El mundo del fútbol vive con los grandes triunfos, pero gusta más lo heróico, las gestas, las batallas entre David y Goliat, del pequeño y débil poniendo en aprietos al grande y fuerte. Pues este sábado, Hungría, que hizo las veces de David, por poco supera a Francia, a Goliat, en la segunda fecha del grupo F de la Euro, el de la muerte.
Atrás, encerrados como si fuera una ostra, los húngaros aprovecharon la única oportunidad clara que tuvieron, un contragolpe, una jugada rápida para que Attila Fiola, el jugador con nombre de guerrero de los Hunos, anotara el 1-0 frente a una Francia sorprendida.
El equipo de Didier Deschamps, que tuvo el control casi siempre, reaccionó. Y la pelota, como venía pasando, fue de Mbappé a Pogba, y a Griezmman, y a Benzema, y así entre todas sus estrellas.
Hungría se apretujó tan bien que la gente en el Puskás Arena se ilusionó con una victoria de ensueño. Sin embargo, para poder neutralizar a un equipo de tanta jerarquía no basta con tener dos líneas de cinco, también hay que actuar rozando la perfección, sin cometer errores.
Y en el 65’, en otra acción rápida, los centrales húngaros se confundieron, se dejaron ganar la pelota de Pogba, quien sacó un centro y en el rebote, desde atrás, Antoine Griezmann puso el 1-1 final. Festejo de los hinchas galos que estaba detrás del arco de un Péter Gulácsi, que mantuvo su arco en cero hasta que pudo.
El tiempo se esfumó y Hungría festejó el empate como si se tratara de una victoria. Y con razón, pues del otro lado estuvo el campeón del Mundo, la favorita de todos, que atacó y atacó y, como las olas, se estrelló contra la muralla puesta por los húngaros.
En Budapest David no derrotó a Goliat, pero sí le dio un buen susto, y dejó ver que hay otros caminos para festejar así no se sumen tres puntos.

