La Tartan Army venció 4-2 a Dinamarca y se clasificó de manera agónica; los daneses irán al repechaje
Escocia escribió una página dorada de su historia futbolística. En condición de local y por el Grupo C de las Eliminatorias europeas, la selección británica derrotó 4-2 a Dinamarca en un partido vibrante, repleto de cambios de mando y con un cierre cinematográfico que selló el regreso al Mundial tras 28 años de ausencia. Para los daneses, en cambio, el destino será el repechaje.
El equipo escocés llegaba con una sola alternativa: ganar para garantizar su clasificación directa. Incluso una derrota podía dejarlo fuera del repechaje, por lo que el margen de error era mínimo. La tensión inicial se rompió rápido: a los 3 minutos, Scott McTominay abrió el marcador con un remate certero que desató la euforia local. Con ese 1-0, Escocia se fue al descanso.
En el complemento, Dinamarca salió con otra actitud y encontró el empate. A los 57 minutos, Rasmus Højlund convirtió el 1-1 desde el punto penal, encendiendo las alarmas en Glasgow. Pero la historia dio un giro clave apenas cuatro minutos más tarde: Kristensen vio la segunda amarilla y dejó a la visita con diez jugadores, condicionando el resto del encuentro.
Con superioridad numérica y la obligación de ir por la victoria, Escocia retomó el control. A los 78 minutos, tras una buena asistencia de Ferguson, Shankland marcó el 2-1 y acercó el sueño mundialista. Sin embargo, la alegría duró poco: Dorgu empató el partido a los 81 y sembró nuevamente el dramatismo.
Cuando parecía que la clasificación se escurría entre los dedos, la Tartan Army encontró un cierre inolvidable. Ya en tiempo añadido, a los 90+3, Kieran Tierney apareció para empujar el 3-2 que desató la locura en el estadio. Y en el 90+8, McLean sentenció el 4-2 definitivo, asegurando el pasaje directo al Mundial y coronando una noche épica.
Tras casi tres décadas de ausencia, Escocia vuelve a decir presente en la máxima cita del fútbol. Una clasificación sufrida, emotiva y absolutamente inolvidable.