La Academia fue superior a Independiente, le ganó por 2 a 0 en el Predio Tita Mattiussi y desató una fiesta en Avellaneda. Milagros Menéndez y Milagros Otazú convirtieron los goles del equipo de Antonio Spinelli.
Salió a ganarlo y salió a jugarlo y salió a demostrar y a demostrarse que estaba para más. Y lo hizo. Racing pisó fuerte en el clásico de Avellaneda, venció a Independiente por 2 a 0 en el Predio Tita Mattiussi por la novena fecha del campeonato y se prendió en la parte alta de la tabla. Mucha gente se acercó para alentar al conjunto que dirige Antonio Spinelli, que fue mejor que la visita de principio a fin a partir de la decisión de ser protagonista con la pelota en los pies.
La fórmula parece ser la que se instaló desde el triunfo ante Huracán: tres defensoras, cinco mediocampistas y dos delanteras. Así, sólido en la última línea y agresivo para presionar bien arriba, Racing dominó desde el arranque y fue acumulando méritos como para sacar ventaja. Rocío Díaz funcionó como eje de la elaboración y ofreció pinceladas distinguidas. Por las bandas, Luciana Bacci y Milagros Otazú fueron y vinieron y complicaron a un adversario que en ningún momento supo cómo emparejar el desarrollo. Si al descanso se fueron en cero fue únicamente porque no apareció la puntada decisiva para abrir el encuentro.
Las dueñas de casa sostuvieron la intensidad en el complemento. Atacaron, recuperaron e impusieron condiciones. Con el viento a favor, una corrida de Milagros Menéndez la dejó cara a cara con Florencia Mercau: la goleadora no falló, la red se movió y la tribuna hizo el resto. No retrocedió la Academia en el campo y continuó insistiendo con un plan que le daba dividendos. Estefanía Piazza reemplazó a Bacci y Florencia Curril, a Victoria Bedini. Otazú, ya ubicada sobre la derecha, estampó el segundo antes de que Independiente pudiera mostrar algún síntoma de recuperación. La entrada de Micaela Adorno sirvió para darle todavía más frescura a la tenencia.
El equipo precisaba desahogarse y el clásico apareció como la mejor ocasión. Jugadoras e hinchas, hinchas y jugadoras, terminaron fundidos en un abrazo y en una certeza: la alegría de este sábado es toda celeste y blanca.