El Xeneize venció 2-1 a Universidad Católica en Chile en un partido áspero, de disputa constante y lectura táctica. Paredes abrió el camino y Bareiro lo cerró.
El regreso de Boca Juniors a la Copa Libertadores tras dos años por ausencia de no clasificarse – no fue una exhibición de juego, sino una demostración de supervivencia competitiva. En un contexto adverso, incómodo y de escasa fluidez, el equipo argentino se impuso 2-1 ante Universidad Católica en Chile, en un debut que dejó más conclusiones emocionales que futbolísticas.
En Santiago de Apoquindo: Desde el inicio, Boca se vio superado en la tenencia. La pelota no le pertenecía, el ritmo tampoco.
El partido se jugaba en la fricción, en el corte permanente, en la interrupción constante ante un arbitraje permisivo.
Pero en ese escenario de caos, apareció la jerarquía.
A los 16 minutos, Leandro Paredes impuso orden en medio del desorden: control orientado, decisión inmediata y remate de media distancia. Gol. De la nada. De lo individual como respuesta a lo colectivo que no fluía.
Ese tanto redefinió el partido.
Con ventaja, Boca eligió otro camino: replegarse, cerrar líneas y competir cada duelo como si fuera el último.
La defensa, con firmeza en los cruces, anuló a Fernando Zampedri, mientras el mediocampo priorizó el equilibrio por sobre la creación.
El equipo chileno, dirigido por el argentino Garnero con línea de cinco y empuje constante, encontró en Montes su vía más peligrosa, acompañado por Augusto Gianni y Cuevas. Sin embargo, chocó contra una estructura defensiva que no brilló, pero sí cumplió en casa Claro Arena.
Boca no dominaba el juego, pero sí el resultado.
En el complemento, el partido mantuvo su naturaleza cerrada, aunque con matices.
- Aranda, que disputó los 90 minutos, elevó su influencia en el segundo tiempo: más participativo, más punzante, más determinante en la construcción ofensiva.
A los 65 minutos, una jugada que sintetiza el concepto del partido: recuperación, profundidad por banda y lectura colectiva.
Aranda descargó hacia atrás, la jugada se ensanchó para Lautaro Blanco y llegó el centro preciso para que Adam Bareiro solo tuviera que empujarla para el 2-0.
Sin necesidad de volumen de juego, Boca golpeaba donde más duele: en el resultado.
° En el inicio del segundo tiempo, Leandro Brey ya había dado una señal clave: voló con precisión para contener un remate peligroso de Zampedri, sosteniendo la ventaja en un momento sensible del partido.
El descuento de Juan Díaz a los 83 minutos reabrió el partido y expuso el desgaste físico del equipo argentino. Los cambios desarmaron parte de la estructura y Universidad Católica empujó con lo que tenía.
Boca terminó con un 4-2-3-1, defendiendo más cerca de su área que del mediocampo. Ganó sin sobrarle nada.
En paralelo, en Ecuador, Cruzeiro venció por la mínima a Barcelona SC, configurando un grupo que desde el inicio muestra paridad y exigencia.
El próximo desafío será en La Bombonera, donde Boca recibirá al conjunto ecuatoriano con la oportunidad de consolidar lo que empezó a construir en Chile.
Boca no jugó bien. Pero entendió el partido.
En la Copa Libertadores, muchas veces no gana el que mejor juega, sino el que mejor interpreta el contexto. Y en una noche incómoda, de roce y tensión, el equipo eligió competir antes que lucirse.
Ganó desde la resistencia.
Y en este torneo, eso también es una forma de identidad.
Por Osorio Víctor