El Xeneize igualó sin goles en Liniers frente a Vélez y comparte la punta junto a Argentinos y Lanús.
No era una parada fácil para Boca. Vélez ya había demostrado en la Copa de la Superliga, hace apenas unos meses, que podía ser uno de los rivales más difíciles para el equipo de Gustavo Alfaro. Pero la oportunidad parecía inmejorable para recuperar la cima de la Superliga en soledad. Era necesaria una muestra de carácter, de sacar un plus en una brava. Una muestra que, otra vez, no tuvo.
El DT del Xeneize decidió copar la mitad de la cancha para intentar neutralizar la intensidad que suele proponer Gabriel Heinze. La idea, defensivamente, pudo haberle funcionado. Pero ofensivamente, no. Más allá de algunas jugadas aisladas que hicieron lucir a Alexander Domínguez, el visitante generó poco y nada en el arco local. Y para peor, sobre el final, la expulsión de Frank Fabra hizo que Boca terminara defendiéndose muy cerca de su área y que Esteban Andrada se conviertiera en figura.
Esa imagen del final es la que preocupa, porque el poco peso en ataque fue una constante durante todo el semestre, pero no así el sufrimiento en el fondo. Si en un aspecto había hecho fuerte Alfaro al plantel era en la última línea, y aunque la expulsión de Fabra pudo haberle dado algún espacio más al Fortín, lo cierto es que el DT armó dos líneas de cuatro para neutralizar esa ausencia. Pero los espacios estuvieron y el arquero tuvo que aparecer para salvar, una vez más, el cero.
Boca dejó pasar tres puntos de oro a pesar de que el empate le sirve para ponerse en la misma línea que Lanús y Argentinos. Pero, más importante, dejó pasar la posibilidad de demostrarse a si mismo que realmente sí está para pelear el campeonato.


