El León cordobés igualó 1-1 ante Deportivo Madryn, cerró un global de 3-1 y conquistó el segundo ascenso a la Liga Profesional. Sufrió un golazo de chilena, jugó contra la presión y lo definió con un contragolpe letal a cinco del final para desatar el festejo eterno.
En Puerto Madryn, donde la tensión podía cortarse con un cuchillo, Estudiantes de Río Cuarto escribió una de las páginas más importantes de su historia reciente. El equipo de Iván Delfino, que había viajado al sur con la ventaja del 2-0 obtenido hace una semana en Córdoba, terminó sellando el ascenso a la máxima categoría del fútbol argentino tras empatar 1-1 y cerrar un global contundente de 3-1.
La tarde comenzó con el local empujando y buscando el milagro. Y lo encontró, al menos por un rato, a los 65 minutos: una chilena fantástica de Luis Silba, el goleador de Deportivo Madryn y uno de los artilleros del torneo, encendió la ilusión del dueño de casa y puso el duelo patas para arriba. El estadio soñó con los penales.
Pero cuando Madryn estaba jugado en ataque, la historia empezó a torcerse. A los 80 minutos, Recalde vio la segunda amarilla en una contra peligrosa y dejó a su equipo con diez, complicando cualquier intento de remontada.
Y fue ahí donde Estudiantes golpeó. A los 85, Agustín Morales encaró, enganchó y definió cruzado para el 1-1 que terminó siendo el grito más esperado en Río Cuarto. Un gol que valió un ascenso.
Además, este logro histórico deja un dato enorme: después de 40 años, Córdoba volverá a tener cuatro equipos en Primera División. Talleres, Belgrano, Instituto y ahora Estudiantes de Río Cuarto representarán a la provincia en la Liga Profesional, un hecho que marca un renacimiento del fútbol cordobés en la élite.
El pitazo final desató la alegría cordobesa: Estudiantes vuelve a Primera División con justicia, solidez y una serie en la que supo sufrir, aguantar y pegar en los momentos clave. Un ascenso construido con carácter. Una celebración que recién empieza.