Hace una década, el fútbol argentino se vio sacudido por la trágica muerte de Emanuel Ortega, un joven lateral derecho de 21 años que jugaba en San Martín de Burzaco, cedido por Banfield. El 3 de mayo de 2015, durante un partido de la Primera C frente a Juventud Unida, Ortega impactó su cabeza contra el paredón que separaba el campo de juego de la tribuna tras una disputa de balón. El golpe le provocó una doble fractura de cráneo y, tras 11 días de internación, falleció el 14 de mayo en el Sanatorio Mitre de Buenos Aires .
La conmoción fue inmediata: la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) suspendió todos los partidos del fin de semana siguiente en señal de duelo. Además, se prometieron medidas para mejorar la seguridad en las canchas, especialmente en las del ascenso, donde muchas veces los paredones están peligrosamente cerca de las líneas de cal. Se ordenó la colocación de protecciones acolchonadas en un plazo de 90 días, pero la implementación fue parcial y tardía .
A diez años de aquella tragedia, más de la mitad de las canchas argentinas aún no cuentan con protecciones adecuadas. Esto demuestra que, a pesar de las promesas, la seguridad de los futbolistas sigue siendo una asignatura pendiente .
El recuerdo de Emanuel Ortega permanece vivo en San Martín de Burzaco, donde una tribuna lleva su nombre, y en su Jujuy natal. Sin embargo, su muerte expone la necesidad urgente de acciones concretas para evitar que tragedias similares se repitan. El fútbol argentino le debe a Emanuel y a todos sus protagonistas un compromiso real con la seguridad en los estadios.